«¡Algo me envuelve el cuerpo… me penetra…!» Tras divorciarse de su marido por no poder concebir, Nonoko se convierte en la paria de la aldea a su regreso. Decide convertirse en ofrenda para la deidad local de las cosechas, donde recibirá su bendición durante tres días. Al llegar al santuario del lago, le vendan los ojos y la obligan a prometerle que no lo verá. Así comienza el ritual para recibir la bendición… Nonoko sufre tanto dolor como placer a manos del Dios Dragón Ryuujin. Sin embargo, al tercer día, algo parece extraño en el Señor Ryuujin… «…¿Eso significa que quieres hacerlo conmigo?»
La ofrenda al Dios Dragón

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